TIERRA, CIELO Y AGUA



Durante uno de los momentos del día en el que la electricidad nos lo ha permitido (ya que Israel limita la electricidad que se consume en Palestina)  nos hemos sentado a escuchar a un técnico de la universidad de Palestina en Tulkarm, que nos explicaba con todo lujo de detalles el gran problema del agua y como ellos están dispuestos a investigar y desarrollar tecnología en busca de soluciones a ese gran problema causado por una ocupación de la que prefiere no estar continuamente hablando, ya que la ocupación está ahí y "debemos seguir hacia adelante".

Nos ha dado detalles sobre los pros y contras de los sistemas que están desarrollando y la necesidad de fondos tanto para investigar como para desarrollar, ya que, además de encontrar un sistema y fabricarlo, su implantación es muy complicada debido a la distancia entre los agricultores y es necesario un cambio en la mentalidad y en la forma de trabajar de los agricultores que llevan generaciones y generaciones utilizando sus métodos y deben cambiarlos por otros que les permitan optimizar sus recursos y poder bajar los precios de sus productos.

El problema del agua en Palestina es muy grave. Está demostrado que en el subsuelo del territorio palestino hay suficiente agua para todos los habitantes (israelíes y palestinos), pero Israel tiene miedo de que los palestinos acaben con las reservas de agua y para evitar eso, les corta el suministro, construye muros y pozos más profundos con bombas mucho más potentes y malgasta el agua a diestro y siniestro... 

Nuestro experto nos ha acompañado a la universidad para visitar una prueba piloto de un sistema de optimización del regadío y entrevistar al decano de la universidad que nos ha ampliado la ya detallada información sobre el tema.

Antes de salir del despacho y acabando con nuestras preguntas sobre el cómo y el por qué, nuestro amigo ha dicho una frase que se me ha quedado grabada:

"Aquí la tierra, el cielo y el agua están en poder de los israelíes y nosotros no tenemos derechos sobre ello".

La veracidad de esta frase es más evidente para mí cada día que paso aquí. Fui consciente de ello cuando para entrar a Palestina tuve que pasar por la frontera israelí del aeropuerto, pero soy más consciente cada vez que abro el grifo para lavarme o bebo agua embotellada; cada vez que se va la luz mientras comemos o mientras trabajamos.

Y lo que más me sorprende es la paciencia y la tolerancia que demuestran las personas que nos acompañan, de las cuales no he oído ni una sola palabra fea, ni un insulto hacia sus ocupantes ni hacia los que les apoyan. Sólo he encontrado en ellos generosidad y apertura de mente. Y he recibido sonrisas y gestos de buena voluntad. Cuánto valen esas personas? valen una tierra? un cielo? un mar? 


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