En nuestra primera parada del viaje, después de dejar atrás los check-points, nos sentamos en un merendero bajo la sombra de unos pinos. El olor y los colores me recuerdan a casa. Miro a mi alrededor y veo a mis compañeros de viaje haciendo fotos, con su gran sonrisa imborrable, disfrutando de ese paisaje que para mí es tan habitual, tan conocido y para ellos tan inaccesible. Después de tomar un tentempié y estirar las piernas seguimos hacia nuestro primer destino. Al llegar nos encontramos una extraña sorpresa, digo extraña porque no fue grata al principio por desconocer la dimensión de aquel evento al que acudíamos.
Un gran cartel en hebreo acompañaba una foto de un descenso en rafting de un río. La zona era arbolada y se veían las barcas amontonadas y muchísima gente alrededor. Se trataba de una zona de aventura. Después de un poco de confusión, nos pusimos nuestros chalecos y nos subimos a una barca con un par de remos. Las aguas del río eran tranquilas, lo emocionante estaba en otro aspecto. La emoción estaba en ver como nuestros compañeros de viaje disfrutaban del evento. El río se llenó de barcas, tropezando unas con otras, entre risas y juegos. Un ambiente de lo más distendido y normalizado entre personas de diferentes orígenes, culturas y religiones. Sin ningún tipo de problema o conflicto. Simplemente se trataba de pasar un buen rato.
El siguiente paso fue una barbacoa en aquel mismo lugar, trabajando en equipo preparamos la comida y compartimos. De nuevo se sentó a mi lado alguien interesante, siempre lo hay. Aquí nunca tienes una conversación aburrida, ni superficial. Todas, absolutamente todas las personas con las que he hablado han aportado a mi vida algo que nunca se borrará.
Llegó el momento del “iala, iala” esto significa vamos! Lo había escuchado en otros países árabes, pero nunca, tan efectivo como aquí. Aquí estas palabras significan, de verdad, levántate y anda! Recogemos en un visto y no visto los utensilios y al autobús. Mientras tanto, intercambiamos teléfonos, facebook y correos para enviarnos las fotos de la aventura. Próxima parada: la frontera con el Líbano.
Durante todo el viaje he estado pensando en la importancia de éste. En por qué nuestra amiga Fadwa ha decidido que sería buena idea que viniéramos, es más, por qué ha decidido organizarlo. En la comida tuvimos un momento para hablar, mientras preparábamos la ensalada y ella me explicó, con esa energía suya, la magnitud de este viaje. La mayoría de éstas personas, nunca hubieran podido llegar hasta aquí, ni siquiera para hacer un picnic, ya que necesitan un permiso especial y no sólo eso, si no que el viaje es caro. No es fácil. Llevamos más de un mes organizándolo. Muchísimas personas no han podido venir porque no les han dado el permiso, algunos han tenido que dejar a miembros de su familia en casa, porque los permisos no eran para todos. Estas personas merecen conocer su tierra, su historia, sus orígenes. Antes daban algunos permisos varias veces al año, ahora es muy difícil. Es muy importante para ellos estar aquí, están contentos.
Cada vez que la escucho y veo la chispa de sus ojos, me estremece. Es una mujer con tanta energía. Me explica que muchos de los que están allí son voluntarios de la asociación. Hemos podido comprobar que todo el mundo la conoce, y la respeta, es una líder. Ha llevado dos autocares llenos de personas con sueños, con ilusión hasta los límites de su tierra, para que la conozcan y para que respiren el aire de la libertad, de esa libertad que merecen, que es suya por derecho.
De aquel momento mágico, tan importante y que se quedará grabado en la retina de todos y en la mía por supuesto, nos vamos a otro no menos mágico. Llegamos al lago Tiberiades ya de noche, nos subimos a un barco con música y luces, allí algunos ya están bailando otros observan. Tomamos posiciones para un paseo muy animado por el mar de Galilea. Nunca hubiera pensado que aquel momento fuera así, me pareció curioso, pero ahora, lo miro en mi pensamiento y me gusta, ver a la gente divertirse y sonreír.
Lo que para nosotros es tan habitual, tan normal, tan fácil, aquí en Palestina, es una odisea. Pasar un día en familia, entre amigos, jugar, divertirse, reír, dejar a un lado por un momento la opresión, la discriminación, la ocupación. Y visitar tu propia tierra, bañarte en un río, sentarte a la sombra de un árbol, navegar en un lago. Lo que viene a ser vivir dignamente, eso, aquí en esta tierra es muy, muy difícil.
Lo que conocemos de Palestina por los medios de comunicación, los episodios violentos, las agresiones, las casas destrozadas. Eso, es una parte muy dura de la vida en Palestina, pero no es lo único. Lo más duro para las personas que he conocido es su día a día. De ahí la importancia y la magnitud de este viaje. Salir de esa rutina del día a día, ver tu tierra, compartir buenos momentos con los que te rodean, reír y disfrutar de lo que es tuyo. Llegar a los límites de tu tierra, pisar territorios históricos y volver a casa con buenos recuerdos que poder contar a tus hijos, a tus nietos.
Ahora lo entiendo todo, y agradezco a Fadwa de Sunflower association y todas y todos los que nos han permitido acompañarles y robarles un ratito de su tiempo, han compartido sus momentos con nosotros. Os doy las gracias a todas y todos. Nuevos amigos, os llevo en el facebook y en el corazón ;).
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