8 de agosto. Las mujeres palestinas

النساء الفلسطنية

Este viaje me está dando oportunidades irrepetibles de conocer personas excepcionales que luchan por sus derechos en un hábitat de opresión y desequilibrio de poder.

En nuestra estancia en Tulkarm he conocido una asociación de mujeres que lucha por mejorar su situación en Palestina, en todos los aspectos de su vida: económico, familiar, social y por qué no, político. Hoy he tenido la gran suerte de poder acompañar a dos de las representantes de esta asociación a un “workshop”, una reunión de mujeres en Qalqya, otra región de Palestina.



Estas reuniones forman parte de un programa de prevención de la violencia contra la mujer. El objetivo de esta fase del proyecto es recoger información sobre la cantidad y el tipo de violencia de género que existe en el territorio, para luego poder tratar esa información y divulgarla de manera que se visibilice el fenómeno de la violencia contra la mujer, y los y las políticas de turno no puedan negar que existe.

Otro de los objetivos es darle a la mujer herramientas para defenderse de los ataques. Darles soporte jurídico y llevar al parlamento propuestas de cambios en la legislación. Y el más importante desde mi punto de vista es animar a las propias mujeres a creer en sus derechos y la igualdad con los hombres. Ese cambio de mentalidad es el clic que necesita cualquier sociedad para que el gran lastre de la violencia y la discriminación hacia la mujer empiece a disminuir. Somos nosotras quienes debemos estar convencidas de que tenemos unos derechos y reclamarlos. En palabras de la coordinadora que dirigía la reunión: “si tú no crees en tus derechos, dime cómo lo vamos a conseguir?”


Escuchar a esa mujer hablar me ha proporcionado una energía y un positivismo impresionante. Es una mujer con carácter, voz penetrante y convincente, gestos de seguridad, mirada de experiencia y sonrisa de complicidad. Mientras la escuchaba quería interiorizar cada palabra, grabarme cada sílaba para poderla transmitir. Cada frase que decía era más cierta que la anterior. Cada gesto hacía que las 23 mujeres allí presentes mostraran más interés y colaboración.

Han puesto en común los motivos que para ellas causan la violencia de género y el más repetido ha sido las tradiciones y la cultura, seguido de las leyes que favorecen al hombre, el paro, la ignorancia de las leyes, la pobreza y cómo no, la ocupación. Si no fuera por este último, al escucharlas podría pensar que me encontraba en cualquier otro país del mundo, ya que los motivos de la violencia de género son comunes.

Mientras estaba allí sentada mirando hacia un lado y otro queriendo retenerlo todo, no perderme nada, pensaba qué difícil es ser mujer en cualquier rincón del mundo, del planeta. Si ya es difícil defender tus derechos  y tu dignidad en nuestro país, donde tenemos leyes bastante decentes y diversidad de recursos a nuestra disposición. Cómo debe ser en un territorio en el que la violencia y la opresión contra el más débil es el pan nuestro de cada día. Dónde la autoridad no tiene autoridad. Dónde puedes tardar de una reunión a otra de 15 minutos a dos horas dependiendo de las caravanas de coches que haya en los check-points o controles que instala Israel en cualquier carretera. Dónde no sólo debes pensar en recuperar tus derechos como mujer si no tus derechos como ser humano. Qué difícil. Qué valor y cuanta energía tienen estas mujeres admirables.


Escucharlas, verlas intercambiar sus opiniones, leer en sus miradas el deseo de cambiar la sociedad, de defender sus derechos y su dignidad y poder hablarles y transmitirles mi ánimo y mi agradecimiento ha sido una experiencia inolvidable, que espero que pueda volver a repetir. Pero la próxima vez con propuestas y ayudas para ellas, inchallah.

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